Nacido en Arica, el geólogo Guillermo Chong Díaz es una de las figuras científicas más relevantes del norte de Chile. Su trayectoria, ligada al estudio del desierto de Atacama, la docencia universitaria y la divulgación de la geología, lo convierte en un nombre mayor dentro de la historia intelectual del extremo norte.

Guillermo Chong Díaz, geólogo nacido en Arica, es reconocido como una de las grandes figuras científicas del norte de Chile.
Arica ha sido cuna de deportistas, artistas, dirigentes y también de científicos que han llevado el nombre de la ciudad mucho más allá de sus fronteras. Entre ellos destaca Guillermo Baltazar Chong Díaz, geólogo nacido en Arica el 29 de noviembre de 1936, cuya vida académica quedó profundamente unida al norte grande y a la comprensión de los paisajes, minerales y fósiles del desierto de Atacama.
Formado como geólogo en la Universidad de Chile, Chong desarrolló una extensa carrera como académico e investigador de la Universidad Católica del Norte. La UCN lo reconoce como profesor, Doctor Honoris Causa y figura clave en la consolidación de las ciencias geológicas en el norte del país.
Su aporte científico ha sido ampliamente reconocido. Recibió la Medalla Juan Brüggen en 2003, distinción equivalente al Premio Nacional de Geología, y en 2014 fue investido como Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica del Norte. Además, la Municipalidad de Arica lo reconoció como Hijo Ilustre de la ciudad, reafirmando el vínculo entre su trayectoria nacional y su origen ariqueño.
El legado de Guillermo Chong no se limita a la investigación especializada. También ha dedicado parte importante de su vida a acercar la geología a estudiantes, niñas, niños y comunidades, entendiendo que el conocimiento del territorio es también una forma de identidad. Su nombre ha quedado asociado a museos, libros, divulgación científica y al reconocimiento de un norte que habla a través de sus piedras, quebradas, salares y cordilleras.
Hoy, recordar a Guillermo Chong Díaz es reconocer a un ariqueño que convirtió el desierto en aula, archivo y memoria. Su vida demuestra que desde Arica también se ha construido ciencia de alcance nacional, una ciencia nacida del territorio y puesta al servicio de comprender la historia profunda de Chile.